Buenas tardes y muchas gracias por acompañarnos.
Como saben, la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo ya es la segunda más importante jamás registrada, y avanza a una velocidad sin precedentes.
Ayer se superaron los 6000 casos notificados, y hoy se han alcanzado las 3000 defunciones.
La epidemia afecta actualmente a 60 zonas de salud de seis provincias, lo que supone una extensa área geográfica.
La provincia de Ituri sigue siendo el epicentro, y concentra el 85 % de los casos y el 88 % de las defunciones.
El hecho que resulta más preocupante es que la mayoría de los fallecimientos no se producen en los centro de tratamiento, sino que continúan registrándose en las comunidades;
Muchas de las personas que mueren no reciben un entierro seguro, lo que impulsa la transmisión;
Y muchos de los fallecidos son personas que no figuraban en las listas de contactos conocidas.
Esto significa que existen cadenas de transmisión de las que no tenemos constancia.
Hasta que no localicemos y rompamos todas estas cadenas, la epidemia proseguirá;
continuará representando una amenaza para la República Democrática del Congo, sus vecinos y toda la región.
No podemos disociar la epidemia del contexto humanitario en el que se produce.
Esta parte de la República Democrática del Congo lleva decenios sufriendo conflictos, desplazamientos, pobreza y hambre.
El ébola no es, además, la única amenaza para la salud a la que se enfrenta la población de la zona.
Un líder comunitario me preguntó por qué al mundo parece importarle el ébola, pero no la enfermedad diarreica, el paludismo, la desnutrición o el conflicto. Buena pregunta.
Todo eso ha contribuido —comprensiblemente— a los recelos de la población local.
Ganarse la confianza de la comunidad y su adhesión y mantenerlas es el elemento principal para cambiar la trayectoria de la epidemia.
Aunque nos enfrentamos a muchos desafíos, también hemos realizado avances importantes.
La OMS trabaja bajo el liderazgo del gobierno, y en colaboración con los CDC de África y muchos otros asociados, para ampliar cada componente de la respuesta.
La OMS ha enviado más de 330 toneladas de suministros de emergencia y ha desplegado a más de 300 expertos.
La capacidad de los laboratorios se ha ampliado, pasando de un laboratorio nacional de referencia a una red de 24 laboratorios que están más cerca de las comunidades afectadas.
La capacidad para realizar pruebas se ha ampliado, y hoy podemos llevar a cabo 3000 pruebas al día.
La capacidad de tratamiento y aislamiento se ha ampliado a más de 1300 camas en 49 establecimientos de tratamiento;
Y prevemos triplicar el número de camas hasta las 3000 en los próximos tres meses.
La OMS y sus asociados también están acelerando los ensayos de vacunas y tratamientos.
Más de 300 pacientes con ébola se han inscrito ya para participar en un ensayo de dos tratamientos –conocido como PARTNERS–;
En otro ensayo, se está probando el obeldesivir, un antivírico, en personas consideradas contactos de alto riesgo de casos, para comprobar la eficacia del fármaco a la hora de prevenir la enfermedad tras la exposición al virus.
Dos nuevas vacunas contra el ebolavirus Bundibugyo han pasado a la fase de los ensayos de seguridad en el Reino Unido y el Canadá.
Existe asimismo una vacuna aprobada contra el ebolavirus Zaire —la especie responsable de la mayoría de los brotes de ébola anteriores —, pero no sabemos si es eficaz contra el ebolavirus Bundibugyo.
Ayer, la OMS publicó directrices de emergencia sobre el uso de esta vacuna durante brotes del ebolavirus Bundibugyo.
La OMS está trabajando con los asociados para que las tres vacunas pasen a la etapa de los ensayos de eficacia en la República Democrática del Congo, a partir de octubre o noviembre.
Los ensayos clínicos no son únicamente un ejercicio científico. Son una parte esencial de la respuesta a los brotes, pueden salvar vidas ahora y en el futuro y ayudar a generar confianza en el seno de las comunidades afectadas.
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La labor de la OMS en la esfera de los ensayos clínicos estaba liderada por el Dr. Vasee Moorthy, a quien muchos de ustedes conocían y que estuvo aquí, en esta misma sala, durante nuestra última rueda de prensa, hace tres semanas.
Como saben, a principios de esta semana Vasee falleció de manera repentina e inesperada.
Quiero trasladar mis más sinceras condolencias a su familia y a todos los colegas de la OMS que le conocían y que trabajaban con él.
Que hoy haya tres vacunas y tres tratamientos en la fase de ensayo se debe en gran medida a la determinación y la energía de Vasee.
Realizaba su trabajo con pasión y compromiso, y ponía de acuerdo a los asociados para que los ensayos pudieran progresar lo más rápido posible.
Más allá de sus logros profesionales, recordaremos a Vasee por su amabilidad, su humildad y su espíritu de compañerismo.
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En nuestra lucha contra la epidemia, hemos realizado grandes avances, pero no son suficientes, y seguimos enfrentándonos a grandes desafíos.
Pondremos fin a esta epidemia, igual que hemos hecho con todas las epidemias de ébola anteriores.
La semana pasada, la OMS confirmó que el brote en Uganda había terminado.
La pregunta es si podemos actuar con la misma rapidez en la República Democrática del Congo y cuántas vidas se perderán antes de poner fin al brote.
Cuanto más tardemos, mayor será el costo, tanto en vidas como en recursos.
Aunque ya hemos ampliado notablemente nuestras intervenciones, es preciso continuar haciéndolo, y para ello necesitamos el apoyo de la comunidad internacional.
El plan del Gobierno para los próximos seis meses precisa USD 1300 millones para sufragar el trabajo de todos los asociados.
Pedimos a los donantes que aumenten las contribuciones y aceleren los pagos a fin de financiar este plan.
Sabemos que esta petición llega en un momento en el que la financiación de la asistencia humanitaria se ha reducido y en el que competimos con muchas otras prioridades.
Pero, como sabemos por brotes de ébola anteriores, podemos controlar esta epidemia, si nos lo proponemos.
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Permítanme hablar ahora sobre Gaza, donde la emergencia humanitaria sigue agravándose y, a medida que se acerca el invierno, también aumentan los importantes riesgos para la salud pública.
La mayoría de la población sigue desplazada en campamentos, donde viven hacinados en tiendas.
Las aguas residuales que se están desbordando, la acumulación de residuos y el acceso limitado al agua potable están creando unas condiciones cada vez más peligrosas.
La contaminación del agua va a más, y los casos de diarrea líquida aguda prácticamente se han duplicado este año.
Con la llegada de las lluvias, es probable que las inundaciones provoquen que las aguas residuales y el agua contaminada se propaguen a zonas densamente pobladas, aumentando así el riesgo de enfermedades.
El sistema de salud de Gaza, ya saturado, no está preparado para gestionar estos picos.
La OMS sigue apoyando las actividades de vigilancia de enfermedades y preparación, pero necesita urgentemente acceso a suministros críticos de laboratorio y de medios de diagnóstico, sobre los que siguen pesando restricciones.
Al mismo tiempo, las necesidades desde el punto de vista de la rehabilitación son enormes.
Más de 6600 personas precisan hoy de servicios de rehabilitación a largo plazo y prótesis u órtesis, después de haber sufrido la amputación de extremidades.
Aunque ayudas técnicas como sillas de ruedas y muletas han entrado en Gaza, hace más de dos años que la OMS no puede enviar prótesis ni equipos de rehabilitación a Gaza.
Por ese motivo, solo un pequeño porcentaje de las personas que han perdido extremidades ha recibido dispositivos protéticos.
Reiteramos el llamamiento para que se permita la entrada irrestricta y rápida de medicamentos esenciales, equipo de rehabilitación y suministros de salud pública en la cantidad necesaria para responder a las necesidades de los palestinos en Gaza.
Mientras tanto, miles de personas necesitan urgentemente un tratamiento médico al que no pueden acceder en Gaza.
El lunes de esta semana, la OMS apoyó la evacuación médica de cinco niños de Gaza hacia Rumanía y Bélgica, junto con 14 acompañantes.
Pedimos que vuelva a permitirse la derivación de pacientes a establecimientos de salud de la Ribera Occidental, incluida Jerusalén Oriental.
Asimismo, solicitamos que se autorice el acceso irrestricto a la atención de salud en la Ribera Occidental, donde los pacientes y los trabajadores de la salud siguen enfrentándose a arrestos, registros y restricciones de acceso.
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Las repentinas inundaciones ocurridas la semana pasada en la frontera entre Nepal y China han causado una devastadora pérdida de vidas y destrucción generalizada.
Mientras prosiguen las operaciones de búsqueda y salvamento, se han notificado más de 1000 muertes en Nepal, donde miles de personas siguen desaparecidas, así como numerosos fallecimientos y desaparecidos en China.
Comunidades enteras han quedado aisladas a causa de los daños en carreteras, puentes y redes eléctricas y de comunicaciones, mientras que diversos establecimientos de salud han sido destruidos y ya no están operativos.
La OMS quiere trasladar sus condolencias a todos los afectados.
Pocas horas después de que se produjera el desastre, y a petición del Gobierno de Nepal, la OMS movilizó suministros para emergencias sanitarias, materiales para la prevención y el control de infecciones e instalaciones temporales.
También hemos liberado fondos y desplegado personal adicional para reforzar las actividades de vigilancia y respuesta.
Nuestra preocupación principal ahora es el riesgo de brotes y que las personas que los necesitan puedan volver a tener a su alcance servicios de salud esenciales.
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Por último, ayer se cumplieron cinco años de la inauguración del Centro de Información de la OMS sobre Pandemias y Epidemias, en Berlín.
El Centro se estableció en respuesta a una de las principales enseñanzas extraídas de la pandemia de COVID-19: ayudar al mundo a detectar brotes y otras emergencias y a responder más rápidamente a esas situaciones.
En los últimos cinco años, el Centro se ha convertido en parte integrante de la arquitectura de seguridad sanitaria mundial, y trabaja con más de 160 Estados Miembros y 190 asociados.
El Centro desarrolla herramientas innovadoras y aprovecha la inteligencia artificial y la información procedente de fuentes abiertas para detectar antes las amenazas;
Colabora con los países para utilizar la genómica de los agentes patógenos y la modelización avanzada a fin de detectar y comprender enfermedades infecciosas emergentes;
Y recurre a la vigilancia colaborativa para conectar a personas, instituciones y datos de todo el mundo con el objetivo de generar información de salud pública que pueda utilizarse para adoptar decisiones.
Quiero dar las gracias a Alemania por su apoyo decidido al Centro durante los últimos cinco años.
El mes que viene, el Centro presentará su estrategia 2030, cuya finalidad es que el mundo pueda detectar y comprender toda nueva amenaza para la salud en un plazo de 24 horas.
Gracias una vez más por su interés en la OMS y en la labor que llevamos a cabo. Aguardo con interés sus preguntas.
Christian, le devuelvo la palabra.